Aspectos psicológicos de la obesidad: Fat talk

La obesidad se ha convertido en una de las preocupaciones de salud más serias a nivel mundial. El sobrepeso y la obesidad se han relacionado con una incidencia significativamente mayor de una serie de enfermedades crónicas que incluye la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares como la hipertensión y accidentes cerebrovasculares y ciertas formas de cáncer.

A medida que la prevalencia del sobrepeso y la obesidad ha aumentado, es lógico esperar que las tasas de insatisfacción con la imagen corporal aumenten de forma similar. La obesidad está fuertemente correlacionada con estigmas sociales negativos e inaceptabilidad social. Los estudios nos muestran que las personas obesas a menudo experimentan un declive en su condición social e informan de haber experimentado prejuicios y discriminación. Los atributos negativos tales como la pereza, la falta de autodisciplina, la autocomplacencia y la infelicidad se asocian con las personas obesas y, a diferencia de otros grupos que experimentan estigma social, (por ejemplo personas con discapacidades, miembros de minorías raciales y religiosas) las personas con un peso corporal excesivo tienden a ser consideradas responsables de su estigmatización y culpables de su estado.

Todo ello lleva en ocasiones a que dichas personas sufran depresiones y una pérdida de calidad de vida (no sólo empeora la salud sino que a veces implica un descenso en la clase social, se pierden amistades, se tiene más dificultad para encontrar trabajo etc.). Un ejemplo de estigmatización es la llamada “fat talk” que es una forma pública de atacar al cuerpo, tanto propio como ajeno, con expresiones como “estoy hecho un cerdo”, “tengo unas piernas asquerosas”, “estoy muy gordo/a para salir”… Este tipo de comentarios incrementan la insatisfacción con el cuerpo. La insatisfacción con la imagen corporal, es decir, lo que percibimos, pensamos y sentimos acerca de nuestro cuerpo o la evaluación negativa del mismo constituye una preocupación grave de salud pública que aumenta el riesgo de otros resultados negativos para la salud con una disminución del amor propio y la llamada “estima corporal”.

La mala percepción de la propia imagen va ligada a una autoestima baja que genera mucho “sufrimiento psíquico”. Se deben involucrar acciones multidisciplinares donde diferentes profesionales evalúen el estado físico y psicológico en orden a establecer cuáles son las medidas terapéuticas más adecuadas en cada caso para mejorar tanto las condiciones físicas como psíquicas de forma sinérgica y establecer aquellos métodos más adecuados (psicológicos, médicos, o quirúrgicos).

Para más información, lee el artículo completo del Dr. J.M. Galletero en la revista “VIVIR SANO”